Como guayaberas
Marcos Villasmil
En
política, un signo que marca y diferencia al estadista del común operador
partidista está en saber identificar lo importante y lo urgente, y darle su
respectiva prioridad. Hay veces que la historia produce situaciones en las
cuales cualquier diferencia se desvanece, ante la aparición de hechos que
unánimemente son percibidos por todos como importantes y urgentes a la vez.
Tal es el caso de la defensa de Inglaterra liderada por un Churchill que
estaba claro contra quién se enfrentaba, en los años 1940-1941, cuando su
país luchaba por su libertad, ante una Europa continental rendida ante los
fascistas. Pero no siempre los hechos históricos se nos presentan así. Hay
momentos en que la confusión, la mediocridad, o la simple torpeza no nos
permite diferenciar, para usar una imagen muy conocida, el bosque de los
árboles.
Esta
semana pasada, ante la confusión reinante en los predios gubernamentales,
José Albornoz, del PPT, ha justificado la rebeldía de su partido, junto con
otros botes y peñeros revolucionarios, ante las imposiciones del
portaaviones del PSUV, con esta frase: “no queríamos quedarnos por fuera,
como la guayabera”. Para ellos, lo importante, lo urgente, lo vital, es no
quedar fuera de los cargos.
Pero
guayabéricos van a quedar muchos psuvistas, dada la profusión de
candidaturas oficiales. Lo peor es que esta última noticia, la de la
hemorragia candidatural, es hasta celebrada por sus voceros. El expresidente
norteamericano Lyndon Johnson dijo alguna vez que para triunfar en política
bastaba con ir a todos los velorios, y estar siempre disponible. Pero lo de
los chavistas es el colmo. Pareciera que ser militante y candidato es casi
la misma cosa. ¿Qué exagero?
Para gobernadores se han postulado 899 personas (23 cargos en total), para
las distintas alcaldías 7089 y para la Alcaldía Mayor de Caracas (un cargo)
253 personas.
En
los terrenos opositores, en cambio, luego de las encuestas de abril, la
siembra candidatural se va haciendo, sin prisa pero sin pausa. Algunos
problemas han aparecido –notablemente en Chacao- pero ¿alguien pensaba que
la cosa iba a salir sin ningún incidente?
Chávez está más desencajado que nunca. En lo físico, que el hombre parece
que ya ni duerme, y en lo político, porque no se sabe mover muy bien en los
terrenos de la política, ya que lo suyo es la antipolítica pura, donde es
rey.
Chávez usa como ecosistema favorito, donde florece, los terrenos externos a
la política democrática. Chávez es el antipolítico por antonomasia. Cada vez
que las circunstancias lo han obligado a entrar en el terreno de la política
(y desde el 2 de diciembre no haya como salirse del estadio) es kriptonita
lo que recibe.
Por ello, el show que monta para responder al serio trabajo de Interpol.
¿Qué más antipolítico que un presidente transformado en actor cómico?
La
oposición
no puede dejar a un lado la ira ciudadana, hay que acompañarla, encauzarla y
mostrar alternativas ante la desazón presente. Así, mucho ojo, mucho
cuidado, la oposición debe evitar por todos los medios el intento de Chávez
de banalizar la caja de Pandora que ha sido abierta por las famosas
computadoras, y sus contenidos.
La oposición debe, simultáneamente –y esto no es fácil- proveer a la gente
de esperanzas sobre la lamentable situación de su vida diaria, acogotada por
la incapacidad del gobierno, y ser al mismo tiempo canal de exigencia de
justicia ante las tremendas implicaciones que tienen estos descubrimientos,
y los delitos que conllevan, cometidos por Chávez y sus secuaces. Señalemos
algunos: complicidad con bandas armadas dedicadas a asesinar, secuestrar y
extorsionar; financiamiento ilegal de campañas electorales; malversación;
prevaricación en el deliberado incumplimiento de la legislación nacional. No
dejemos de mencionar además el sinfín de acuerdos internacionales violados.
Si Carlos Andrés Pérez fue destituido por lo que hoy se acepta fue una
jugada política –ni siquiera fue un delito- donde estuvieron involucrados
actores mediáticos, políticos y empresariales, la oposición tiene el deber
ineludible de públicamente solicitar ante las autoridades competentes,
incluso llegando al Tribunal Supremo, las investigaciones y sanciones
pertinentes. Se me dirá que no tiene sentido hacerlo ante una
institucionalidad colonizada por el chavismo. Pues no importa. Tanto en lo
ético, como en lo político, es fundamental ante el mundo y ante nuestros
ciudadanos que se cubran los canales jurídicos correspondientes. Lo
contrario, ante los ojos de la gente, sería dar a entender que no es
realmente importante ni urgente, que la corrupción política es ya hasta
cierto punto un dato más del paisaje criollo (argumento precisamente
esgrimido por los cultores de la antipolítica en todas partes.)
La oposición chilena durante la dictadura de Pinochet, por años, acudió a
los tribunales de justicia a sabiendas que el trato no sería justo. Pero
estaban por una parte dando una lección de pedagogía política, y por otra,
iban sentando precedentes para un tiempo futuro en libertad.
Reyes está más vivo que nunca. La oposición debe saber unir lo importante y
lo urgente al usar como arma –citemos un solo ejemplo- la traición a la
patria que conlleva la conducta de Hugo Chávez, quien, sabiendo que la
misma guerrilla reconocía el haber asesinado militares y civiles venezolanos
en la frontera, de la manera más monstruosa, decidió ocultar los hechos.
Así estará de mal Chávez, que tuvo que portarse bien en Lima, para ver si
agarraba un poquito de aire. Sin embargo, la procesión va por dentro.
Debemos evitar quedarnos en la rutina diaria de la escasez, de la
boliburguesía. La oposición, preocupada con derecho por las elecciones de
Noviembre, debe recordar que una cosa es votar entre un candidato y su
contrario, y otra, no necesariamente contrapuesta, entre la defensa de la
libertad y la expansión del régimen corrupto de Hugo Chávez.
Cuidado, entonces, porque de no hacerlo, nos quedaríamos entonces todos los
venezolanos como guayaberas, pero fuera no de los cargos, sino de los
caminos que conduzcan a recuperar nuestra democracia.