Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

Venezuela: la ley Getsapo

Marcos Villasmil

Ya es conocido por todos las carencias en materia legal que caracterizan a estos compatriotas que interpretan desde sus diversos cargos jurídicos los caprichos de su Supremo Jefe  barinés. Así, el contralor por fin mostró signos de vida sacándose de la manga la inhabilitación electoral de centenas de opositores –y algún chavista que probablemente se descuidó a la hora de rendir honores al Líder-. Pero la recientemente aprobada –y luego echada para atrás por el propio Chávez- Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia va mucho más allá.

Esa ley es nazi, y por ende, extremadamente peligrosa. No importa cuántos “errorcitos” le quiera ahora enmendar Chávez.

Uno de los libros más extraordinarios que se haya escrito sobre el nazismo y el stalinismo lo escribió Hannah Arendt, y se titula “Los Orígenes del Totalitarismo”. Allí, se muestra con claridad que en las Grandes Ligas del silencio totalitario están Adolfo Hitler y Joseph Stalin. Más contemporáneamente, Fidel Castro ha sido uno de sus alumnos más aventajados.

¿Qué dice la tal ley que puso a toda la sociedad venezolana de nuevo en alerta? Lo primero, es la cuidadosa vaguedad que se entrecruza en el articulado, por ejemplo: en el artículo 2, referido a los obligados por esta ley, se menciona a los órganos, entes y personas miembros del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia, todos los funcionarios de todas las ramas del Poder Público, etc. Pero en el apartado 5 se dice: “toda persona que en el desarrollo de sus actividades dentro o fuera del territorio nacional posea o tenga acceso a información de interés estratégico para la nación”. ¿Quién decide qué información es estratégica o de interés para la nación? Trate de adivinar, amigo lector.

Con esta ley, Chávez muestra su deseo de convertir a Venezuela en una sociedad paranoica, donde nadie pueda confiar en nadie, donde el “sapear”, o sea delatar y acusar, sea una actividad cotidiana. Los venezolanos nos convertiríamos en delatores obligatorios. Frente al gobierno, todos seríamos potenciales “enemigos internos.”

En un país de arraigada práctica autocrática donde desde un ministro hasta el portero de una dependencia se sienten dioses a los que hay que rendir pleitesía, imaginémonos a los funcionarios policiales, a la Guardia Nacional, o incluso meros empleados civiles agrediendo y decidiendo sobre vidas y destinos con total discrecionalidad. Además, el uso y abuso de la venganza personal estaría potencialmente a la orden del día.

Alarma asimismo que el artículo 20 permite a los servicios de inteligencia recabar información, conseguir pruebas y adelantar diligencias mediante cualquier medio, y “sin requerir orden judicial o fiscal alguna”.

¿Qué puede pensar un periodista ante el artículo 28? “La publicación o revelación de actividades, informaciones, documentos y objetos declarados como confidencial o secreto (sic), acarreará las responsabilidades civiles, penales y administrativas establecidas por la ley.”  Volvemos a lo mismo. Existe una total discrecionalidad a la hora de quién decide qué es confidencial o secreto.

La ley legaliza la práctica conocida y reconocida del gobierno de espiar telefónicamente, intervenir correos, seguir opositores, así como allanar moradas, sin necesidad de ninguna orden judicial.

A Chávez le preocupa, sin embargo, el artículo 16, sobre los “órganos de apoyo.” Si fuera demócrata, le preocuparía la monstruosidad completa.

Quienes proyectaron este adefesio antidemocrático claramente se inspiraron en la NKVD soviética, la Gestapo nazi, y el G2 cubano. Como bien señala Weil, el caricaturista de TAL CUAL, la ley, más que consagrar una nueva Gestapo, crea una “Getsapo”, todos a sapear para sobrevivir.

En Argentina, luego de la última dictadura militar aprobaron una Ley de Inteligencia Nacional con grandes diferencias con la chavista: el sistema debe estar ajustado a las previsiones constitucionales, sobre todo en lo referido a los derechos ciudadanos; restringe los ámbitos de acción policial, prohibiendo la obtención de información sobre personas por el hecho de su raza, religión, actividades privadas, o preferencias o militancias políticas. La violación de las comunicaciones telefónicas, postales o telegráficas sólo puede hacerse mediando una orden judicial.  

Ninguna ley de este tipo puede establecerse sin definir previamente cuáles son los criterios indicadores de que una opinión no puede hacerse pública porque pone en peligro la seguridad de la Nación. Por otra parte,  debe establecerse claramente quién controla al controlador. (En Argentina, es una Comisión Bicameral del Congreso para la Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia.)

Con la ley Getsapo se busca destruir lo que queda de solidaridad social e interpersonal, toda base de convivencia. Los venezolanos pasaríamos a ser siervos de Chávez. Hannah Arendt menciona una frase de un discurso de Hitler a las SA, uno de sus grupos de represión. La misma, podría ser dicha hoy por Hugo Chávez al dirigirse a sus funcionarios policiales y de inteligencia: “todo lo que ustedes son, lo son a través de mí, todo lo que yo soy, lo soy sólo a través de ustedes.” Para más de un revolucionario criollo, en el sumiso orden de sus afectos, Chávez es su Hitler particular.

Ahora sí está más claro que nunca que el ideal de Chávez es hacer de Venezuela, como Cuba lo es para Fidel, su cárcel particular, donde él pueda ejercer simultáneamente de Supremo Líder, Fiscal, Juez y Verdugo.  Pero la mayoría de los venezolanos se ha aprestado a resistir esta nueva traición de Hugo Chávez a su país. Una vez más, Chávez se está dando cuenta de qué está hecha realmente la sociedad venezolana. Se afirma que retiró a toda carrera la ley tras leer una encuesta que mostraba un rechazo abrumador, y que amenazaba con hacer de ella un puntal decisivo en la campaña electoral opositora frente a las elecciones de noviembre.

El mensaje, que debe reiterarse sin descanso, es que la tal ley, por muchos cambios de maquillaje que se le hagan, es peor que mala. Es fascista.


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