Entre
Heráclito y Parménides
José Ignacio Rasco
Diario Las Américas
No hay que ser filósofo para que cada
doce meses el almanaque nos haga meditar sobre ese triple mito del pasado,
el presente y el futuro. Los historiadores tratan de acaparar el ayer en un
heroico esfuerzo interpretativo y cuando queremos concretar algo presente,
tan pronto comenzamos a querer apresarlo, ya se nos escapa hacia el
pretérito. El futuro lo tratamos de esperar como el “catcher” al tiro del
“pitcher,” pero cuando ya el “umpire” trata de identificarlo, es un hecho
histórico.
Todo año nuevo que amenaza con llegar
es fuente también de examen, de repaso y de promesas. Y cada año que pasa
parece más rápido. El tiempo en el niño adolescente nunca llega para ser un
hombre como su hermano. Pero cuando las décadas provocan la calvicie, la
nostalgia adorna el tiempo transcurrido. Los físicos juegan con el tiempo
para distraernos con fórmulas y ecuaciones de una ciencia que pocos
entienden. Ni siquiera Einstein, en el decir de algunos. En el fondo todo va
más allá de la física. Y es la metafísica.
Los primeros “rounds” en este problema
ya lo pelearon Heráclito y Parménides, filósofos de la Magna Grecia. Para
Parménides nada cambia, para Heráclito todo cambia, por eso aquello de
“nadie se baña dos veces en el mismo rio”.
Alejándonos de estos planteamientos
metafísicos, un tanto ajenos al quehacer periodístico, sí creo que, sin
embargo, la entrada al nuevo año 2008 nos debe hacer reflexionar un tanto
sobre nuestras vidas envueltas en la realidad cubana. Llevamos ya casi media
centuria padeciendo una tiranía que parece no cambia. Cuando pensamos así es
porque estamos insatisfechos ya que el exilio, la cárcel o las tumbas en que
duermen nuestros mártires no parecen cambiar.
Y sin embargo, sí hay cambios que
auguran el gran cambio hacia la libertad y la democracia. Ha habido ya
transformaciones que delatan la traición y el fracaso del régimen, aunque
nuestra impaciencia patriótica a ratos no puede apreciarla. La jefatura
inicial del gobierno y de la oposición ha ido cambiando. Muchos ya han
desaparecido y otros pronto lo harán.
Las estrategias y la lucha ya ha
cambiado y sigue cambiando. Es decir, no ha muerto la esperanza. Hubo tiempo
en que la guerra parecía el único camino. Y algunos, con todo derecho, creen
que la fórmula bélica es la única posible como salida de triunfo. Otros, por
el pluralismo típico de todo lo socialmente humano, sostienen que hay otros
métodos para el triunfo. Y los ejemplos análogos existen en los mapamundis y
almanaques. Y todos los caminos conducen a Roma.
El pesimismo en cambio, solo sabe
cerrar puertas por falta de perspectivas y sobra de temores. Algunos se
atrincheran cobardemente cuando piensan que por ahora nada va a cambiar. No
se dan cuenta que todos los días las cosas cambian allá y acá. El jerarca
máximo de charlatán incansable se ha vuelto ahora un reflexivo silente. La
mudez de algunas juventudes hoy se va transformando en voz y eco de un
pueblo cambiante. Todo cambia, todo fluye, es cierto.
El pesimismo es tóxico de los que se
duermen en su inacción. Pero los actores se multiplican hoy en día. Las
Damas de Blanco paradójicamente le han dado un colorido a la lucha que no
existía. Los Payá Sardiñas inyectan ánimo y consultan despertando
conciencias. El hambre a veces también es buena consejera. La aparente
división de los opositores no es más que una forma de pluralismo y apertura.
No veo tanta distancia entre Heráclito
y Parménides, pues en definitiva, hay valores y principios inmutables en
todo riachuelo vital, un océano de oportunidades.
Claro que por encima de todo lo humano
siempre está lo divino, lo que se traduce “a Dios rogando y con el mazo
dando”.
Hay que salir del desánimo personal,
que todo pasa, que todo cambia. Ya lo señaló Teresa, solo Dios basta.
Y recordemos también la frase ignaciana
por si hay desánimo, “en tiempo de desolación no hacer mudanza”… En medio de
las “Reflexiones”, en la antesala de la muerte el dictador inflexible,
parece contradecirse de cuanto ha dicho y hecho. Ya no se aferra al poder,
habla de un socialismo utópico, pero tristemente realista para el sufrido
pueblo cubano.
En definitiva creo que era más aparente
que real la polémica entre Parménides y Heráclito en la vieja Grecia. La
realidad es que todo pasa en toda historia y en toda persona. Yo soy yo y
mis circunstancias reclamaba Ortega. El verbo ser y el hacer riman, van
juntos, aunque haya asonancias y contradicciones. La Cuba del mañana nacerá
y crecerá también con su ser propio, con su “seriedad” peculiar, histórica e
inédita.