María
Comella
José Ignacio Rasco
Si alguna cubana pudiera simbolizar lo que
fue el papel heroico y diplomático de la mujer cubana en el
prólogo de la resistencia y la batalla por la libertad cubana
fue esa fémina inquieta y andariega que respondía por María
Comella. En el mundo de la clandestinidad empezó a distinguirse
aquel extraordinario ser de alta política, de sana picardía, con
valor y prudencia única para la investigación y la lucha.
Todo el que vivió aquella labor excepcional de la
conspiración clandestina inicial contra el castrismo tuvo que saber de su
audacia, lealtad, disciplina y talento para el mando y el seguimiento. Nadie
fue más fiel y celosa guardiana del inolvidable gran luchador Rogelio
González Corzo, que dio su vida por la causa, cuando la clandestinidad
organizada daba sus primeros pasos con el MRR, el MDC, Rescate, la Triple A
y Montecristi, que luego fundidos integraron el FRD (Frente Revolucionario
Democrático) que consolidó inicialmente a los sectores anticastristas, no
batistianos, con el afán de derrocar a la tiranía naciente.
Como tantos quijotes María Comella tuvo que salir de Cuba
no para escapar de la batalla emprendida sino para ayudar en la guerra y en
la paz a la Cuba que no quería rendirse a la hoz y el martillo.
Ya en el exilio María Comella se dedicó plenamente al
servicio de la causa. Llegó a ser una honorífica embajadora cubana en España
para beneficio de la libertad de nuestra patria y de ayuda para los cubanos
que llegaban.
María dedicó toda su vida a la causa cubana sin descuidar
sus deberes maternales y las dificultades de su doble viudez.
Es extraño encontrar un exiliado cubano en España que no
acudiera a su despacho para resolver problemas o colaborar en planes para la
liberación de Cuba. Nada de la Isla le resultaba ajeno.
Por su prestigio, conexiones, trabajos e investigaciones
llegó a ser la persona más influyente en España, donde nada ajeno le era
ajeno y a la que tanto quería.
En mis obligadas visitas a España su orientación y
colaboración conmigo fueron siempre excelentes. No hubo entrevista política,
ni programa de radio o televisión que no me gestionara rápidamente con su
habilidad diplomática y conocimiento de la política española y de la lucha
cubana. Gozaba en servir. Poseía una habilidad extraordinaria para obtener
resultados en lo que se proponía. Resolvía problemas todos los días a todo
el exilio, especialmente en Madrid. Conocía a todo el mundo relevante. A
nadie negaba un favor. Todos confiaban en su voluntaria cooperación,
seriedad y eficiencia, sin interés personal alguno. Sabía que no había
fronteras, que se hacía camino al andar. A la hora de Cuba siempre atendía a
todos sin bandería política.
María era una amiga de lujo, desinteresada, siempre en
acción, querida y respetada, elegante y sencilla, simpática y bella, muy
cubana y muy española, soñadora y realista. Sentía una admiración impar por
el DIARIO LAS AMERICAS y por su director Don Horacio Aguirre, solo superada,
como cristiana legítima, por su devoción a la Iglesia y a Cristo mismo,
aunque sin gazmoñería alguna.
¡Qué Dios tenga en la Gloria a la inolvidable cubana que
fue María Comella!