Y lo mandaron a callar…
Marcos Villasmil
Le está dando la vuelta al mundo el video en el cual se muestra
al Rey de España, Juan Carlos I, mandando a callar al Bocón
Mayor, Hugo Chávez durante una de las reuniones plenarias de la
última Cumbre Iberoamericana.
Gracias a ello, el mundo pudo ver una pequeña dosis del veneno que,
diariamente, Hugo Chávez, en obligante cadena nacional, nos ofrece a todos
los venezolanos. Chávez no solo habla y habla –ya rompió todos los récords,
incluso los del longevo Fidel Castro- sino que no se le recuerda una sola
intervención –no es exageración- en la cual no haya tenido palabras
insultantes contra alguien -cualquier persona o institución que simplemente
ejerciera el normal derecho democrático de opinar algo que a Chávez no le
cayera bien o lo contradijera.
Las formas de agresión de un jefe de estado no son sólo tanques o cañones,
en especial si todas las instituciones del Estado están bajo su control
directo, y se posee como músculo de apoyo la experiencia del G2 cubano
completamente a su disposición. Las palabras de un presidente pueden servir
de magisterio, pueden ser una forma de pedagogía social o, como es el caso
que nos ocupa, ser la antesala de un infierno lleno de odio. El universo de
Hugo Chávez no conoce la palabra tolerancia.
Juan Carlos I evidentemente perdió la paciencia. En ese trance estamos, cada
día que pasa, más y más venezolanos, ahora que la careta autoritaria se le
cayó al autócrata militar con su desafortunado proyecto de reforma.