Inconveniente revuelo por agentes de
conveniencia
Miguel Saludes
Una nueva revelación sobre personalidades al servicio
del gobierno cubano ha causado repercusión en el exilio cubano. La identidad
de los llamados agentes de influencia fue develada en un programa estelar
televisivo de Miami, con la participación de un oficial de inteligencia
norteamericano. Dos de los nombres señalados fueron los de Albert Coll, ex
substituto del secretario auxiliar de Defensa durante la Administración de
George H.W. Bush y la profesora Marifelis Pérez Stable.
El rol como agente de Pérez-Stable, cuyos artículos en español en inglés son
publicados en la prensa norteamericana, ha sido remitido a la década de los
ochenta, cuando viajó a la Isla formando parte de las Brigadas Antonio
Maceo. Es precisamente en esa época donde se ubica su presunta acción de
connivencia con La Habana. Las conferencias y escritos, acusados de
favorecer al régimen castrista por los detractores de la académica cubano
americana, forman parte de las evidencias en este activismo de conveniencia.
El tema destapado acerca de esta clase de agentes, resulta complejo y
polémico, teniendo en cuenta que dicha tipificación puede ser aplicada desde
los ángulos más variados y desafiando cualquier lógica. La inteligencia
cubana, ducha en aprovechar todas las posibilidades para poner en marcha sus
mecanismos de intriga, sabe como sacar partido a cada caso. Su maquinaria
tiene la capacidad de utilizar cualquier medio que sirva a sus propósitos,
aún los que parecieran serles adversos.
Edificar una buena imagen del proceso político cubano ha sido siempre una de
las metas prioritarias en la Isla. No es un secreto que para esa tarea se
hace imprescindible la colaboración de personalidades que con su prestigio y
credibilidad avalen los resultados. Una de las fuentes que aporta tan
inestimable auxilio es la que brota en los ambientes intelectuales y
académicos. La simpatía implícita hacia el sistema establecido en Cuba no es
un requerimiento primordial. Basta con que existan buenas intenciones
dialogantes, conciliatorias o la simple pretensión de establecer puentes
comunicativos y de información en ambos sentidos.
Los que llegan a Cuba animados por el deseo de transformar la realidad
partiendo de la mutua comprensión y respeto, encuentran la atención esmerada
por parte de oficiales de alta jerarquía, vestidos con el mejor corte civil.
Agasajos y una aceptación, que pudiera pasar por complicidad, sobre los
temas enfocados por el huésped, forman parte de la metodología dirigida a
subyugar a este importante sector. No importa que los conceptos resulten
delicados para el anfitrión, incluso discordantes con su ideología. El
interlocutor oficialista aparentará tolerancia o ni siquiera mostrará su
disgusto. Puede que hasta muestre su asentimiento ante puntos críticos con
los que difiere en su interior, todo bajo la apariencia del mejor
entendimiento.
Cuando se han cumplido los propósitos del plan, da igual que los implicados
cambien de opinión, actitud o desistan en su esfuerzo redentor. Sus
criterios ya habrán dejado de ser interesantes para el círculo que controla
el poder. La maniobra les permitió ganar tiempo y espacio, poniendo a su
disposición el crédito de figuras reconocidas o influyentes en el mundo
exterior. En los archivos queda el récord de su participación, palabras e
intenciones, que pueden salir a la luz si llegara a ser preciso. El
contenido del dossier siempre redundará en beneficio del sistema dictatorial
De eso se encarga no solo el dispositivo propagandístico de la Isla, sino
las múltiples sucursales del sistema que pululan fuera del país, incluyendo
Miami. Es el mayor reto que enfrentan los asumen la tarea de tender puentes
entre las riveras de la opresión y la libertad.
Sin embargo el influjo de estos “agentes eventuales” no es el único que
sirve para delinear rasgos más suaves en el rostro severo de la dictadura.
Desde las posturas más antagónicas, puede proporcionarse igual o mayor
servicio en auxilio del régimen cubano. Paradójicamente esto se produce en
las posiciones convoyadas de discursos belicosos e intransigentes de sus más
acérrimos contrincantes. Licitaciones para limitar contactos o viajes y la
protesta ante la programación de un evento deportivo que involucre equipos
cubanos y del vecino Norte, contribuyen a reforzar la imagen negativa del
exilio ogro, exaltada desde Cuba.
Pero no solo en la diáspora se puede buscar señales de alerta sobre acciones
convenientes para el sistema totalitario. Las manifestaciones críticas
hechas por destacadas figuras de la vida socio cultural dentro de la ínsula,
pueden ser provechosas si con ellas se da visos de mayor apertura. Lo mismo
ocurre cuando humoristas o un determinado grupo musical del patio,
exteriorizan abiertamente los problemas cotidianos y critican al gobierno.
Los que asumen la lucha cívica no quedan exentos de esta mecánica. No pocas
expresiones llevan el agrio criterio de que la gestión opositora es
aprovechada por la dictadura, para demostrar que pese a su persistencia en
el poder, ya las puertas no están tan herméticamente cerradas.
En fin, el tema de los agentes de influencia resulta harto escabroso.
Sobredimensionar este espectro contribuye al aumento de la desconfianza y
desunión entre los que se esfuerzan en lograr el tránsito democrático de
Cuba. Las suspicacias levantadas con estas revelaciones, reales o no,
producen la cosecha de la que se alimenta la dictadura. Es posible que ella
saque partido de los que imparten conferencias, intercambian puntos de
vistas e ideas, más allá de barreras ideológicas, de credos o corrientes
filosóficas. El espacio abierto por esa práctica es la que hará que el
trabajo de los entes de conveniencia, hoy útil al gobierno, al final de la
jornada sea favorable al ejercicio de la libre expresión de todos los
cubanos.