El Cardenal Bertone y el nuevo presidente
Miguel Saludes
La llegada a Cuba del Cardenal
Tarcisio Bertone se produjo en un momento especial del acontecer político
cubano. Aunque la visita había sido acordada con antelación al desarrollo de
los acontecimientos, no deja de ser llamativo algunos de los signos en que
se verificó. La rememoración de la inolvidable estancia de Juan Pablo II
hace diez años, sirvió de marco a este periplo por tierras cubanas del jefe
de Estado del Vaticano. Aunque la gira del Papa polaco ocurrió en enero, la
recordación de aquel evento fue acordada para febrero, justo un mes después
de la efeméride. La agenda de Monseñor Bertone coincidía con la reunión del
parlamento cubano. Días antes Fidel Castro había hecho pública renuncia al
cargo de presidente y al titular de Comandante en Jefe. Todas las miradas
aguardaban expectantes al momento en que las riendas del poder pasarían
oficialmente a otras manos. Este fue el panorama que acompañó a la alta
figura católica en su recorrido por Cuba.
El programa desarrollado por Bertone comprendió una singular repetición de
los hechos que protagonizara Juana Pablo II en la Isla. Esto incluía la
celebración de tres misas abiertas, dos de las cuales fueron transmitidas
por la televisión nacional. La jornada concluyó con un encuentro entre el
visitante religioso y el general Raúl Castro, correspondiendo al Cardenal
Bertone ser la primera personalidad internacional en reunirse con el hermano
de Castro en funciones de presidente. ¿Una nueva coincidencia?
Para algunos esta visita de la figura eclesiástica tuvo como objeto dar un
espaldarazo al nuevo gobierno castrista, con la esperanza puesta en que el
reconocimiento contribuya de alguna forma a cambios que beneficien las
relaciones con la Iglesia. Por su parte Raúl Castro estaría buscando que el
primer asentimiento externo a su liderazgo venga con el aval Vaticano. Esto
sería una novedad en la visión política de la realidad cubana, donde las
relaciones Estado-Iglesia se deterioraron a puntos extremos después de 1959.
El distanciamiento tuvo su momento álgido durante la expulsión de más de
cien sacerdotes y religiosos en 1961. Ataques verbales, restricciones,
asedio a los creyentes, persecución, vigilancia y barreras de todo tipo
levantadas contra el normal funcionamiento de la Iglesia en su acción
pastoral, han marcado profundas huellas en sus relaciones.
Con el retiro de Fidel Castro y la sucesión de Raúl las cosas parecen
cambiar de tono y prioridades. Quienes conocen al hasta hace pocas semanas
Jefe de las Fuerzas Armadas, dicen que este nunca se mostró agresivo contra
la Iglesia, al punto en que lo hizo su hermano mayor. Testimonio de
religiosas y sacerdotes aseguran que el General mostró simpatías hacia
ciertas figuras del mundo católico con quienes mantuvo lazos de afecto
personal en agradecimiento a las acciones que estos hicieran a favor de los
presos moncadistas. Es el caso de Sor Mercedes Álvarez quien patentizaba un
cariño especial por Raúl. Este había dado órdenes para que la Hija de la
Caridad nunca tuviera que pedir permiso para verle en su oficina. Es una
historia que de alguna manera se enlaza con lo que acaba de acontecer en
estos días y que en algo pudiera marcar el curso futuro de los
acontecimientos en Cuba.