El desafío
de Colombia
Yaxys Cires Dib
Son tiempos difíciles para quienes
sostienen actitudes firmes y consecuentes a favor de la democracia y el
estado de derecho. El ejemplo más evidente es el caso colombiano. Hemos
visto como desde diferentes lugares han acusado infinidad de veces al
gobierno del presidente Álvaro Uribe de ser violador de los derechos
humanos, de no interesarle los rehenes o de ser belicista.
Decepcionados vimos como hace varios años Europa suspendió su cooperación
militar con Colombia y redujo su solidaridad, mientras en diversos foros,
como si existiera espacio para dudas, debatían si las FARC era un grupo
insurgente o si era terrorista. Hipocresía internacional de muchos que
paradójicamente se negaron y se niegan a condenar a la luz del día a
regímenes probadamente totalitarios y antidemocráticos.
Pero si grande es la falta de solidaridad internacional hacia Colombia e
inmensa la soledad moral de los colombianos, insuperable ha sido la
determinación del gobierno del presidente Uribe para derrotar el terror en
su país.
Los resultados
No es simple retórica, hablemos de resultados. Si antes de la implementación
de la Política de Seguridad Democrática impulsada por el presidente Uribe se
producían aproximadamente 30 000 homicidios al año hoy ocurren 14 000, lo
que significa que se han reducido en más de un 50%. Por otro lado, si antes
ocurrían alrededor de 3 200 secuestros en un año hoy solo ocurren alrededor
de 400.
Antes de 2002 muchos alcaldes electos democráticamente tenían que despachar
desde las cabeceras departamentales y no desde sus respectivos municipios.
Consecuencia ello del alto nivel de inseguridad existente en lugares donde
el terror era el poder y la voluntad de delincuentes y terroristas la ley;
el estado, arrinconado, no se hacía presente en todo el territorio nacional.
Sin embargo, hoy todo pueblo tiene su alcalde y gradualmente se han
incorporado otros funcionarios públicos también de vital importancia. Ello
ha sido gracias a esa lucha literalmente sin cuartel en contra de los grupos
terroristas y del narcotráfico, cosa que implicó el aumento en un 60% de las
fuerzas de seguridad.
Si bien hoy el gobierno colombiano está todavía lejos de vencer la lucha
contra el narcotráfico, lo cual tiene que ver también con la intensidad del
apoyo de los países destinatarios de la droga, hay que decir que en la
actualidad los capos están muertos o en cárceles colombianas o
norteamericanas cumpliendo penas de prisión.
Los grupos paramilitares, que en su apogeo fueron iguales de crueles que las
FARC, hoy están desmovilizados. Solamente quedan elementos que más bien son
bandidos y narcotraficantes.
En el caso de las FARC hemos visto cómo las fuerzas de seguridad le han
proporcionado duros golpes tanto a los miembros de su secretariado como a su
aparato logístico y militar.
Otro éxito ha sido el plan de desmovilización del Ministerio de Defensa.
Desde 2002 unas 15 777 personas han dejado las armas para reintegrarse a la
sociedad: 9 559 pertenecían a las FARC, 2 088 al ELN (Ejercito de Liberación
Nacional), 3 682 a las AUC (principal grupo paramilitar) y 448 a grupos
disidentes de los anteriores. Según el género, 13 200 son hombres y 2 577
mujeres. Del total 2 387 eran menores de edad.
Hablando de resultados hay datos que no podemos dejar pasar por alto. Según
la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) Colombia
recibió el pasado año 9 028 millones de dólares de inversión extranjera
directa, siendo el cuarto país de la región en ese aspecto, después de
Brasil, México y Chile. El crecimiento de la economía en 2007 fue de un
7,2%, lo que generó miles de puestos laborales, implicando una reducción del
desempleo en un 8,5% (antes 19% y ahora 10,5%). También se ha visto una
formidable recuperación de la confianza internacional reflejada en
diferentes índices de riesgos, cuestión alabada frecuentemente por el propio
Banco Mundial.
El compromiso de los ciudadanos ha sido esencial, no solamente propiciando
una opinión pública favorable a la política de seguridad democrática, sino
contribuyendo por medio de un nuevo impuesto sobre el patrimonio al
financiamiento de dicha iniciativa.
Después del "Jaque"
Después de la operación "Jaque" se ha dicho de todo. Algunos periodistas,
sabrá Dios movidos por qué intenciones, han lanzado ideas tergiversadas para
sembrar la duda y la falsedad en la gente. Nada nuevo para los colombianos.
Es difícil predecir qué sucederá en la política colombiana durante los
próximos meses. Está por verse si el presidente Uribe insiste en su deseo de
hacer cambios legales para poder someterse nuevamente al voto popular.
En este contexto hay varios asuntos que creo de vital importancia para el
futuro:
En primer lugar, que se sigan investigando los archivos encontrados en los
ordenadores de "Reyes" y que una vez finalizadas las pertinentes
investigaciones se busquen vías jurídicas y políticas para que las
actuaciones de quienes hasta ahora han colaborado con los grupos terroristas
no queden impunes.
En segundo lugar, este es el momento de exigir mayor definición por parte de
las democracias con respecto al tema colombiano. En ese sentido, sería
desmoralizante que políticos de terceros países sigan priorizando intereses
electorales ante el establecimiento de estrechos lazos comerciales y de
cooperación con Colombia.
Y finalmente, en caso de que Uribe no insista en su reelección, los
colombianos deben ir pensando con responsabilidad en un liderazgo como el de
Juan Manuel Santos, actual ministro de defensa, o el de la senadora Marta
Lucía Ramírez, que pueda continuar con la política de seguridad que desde
2002 se viene implementando con magníficos resultados. Colombia no puede
sucumbir ante la perversa costumbre Latinoamericana de que gobiernos nuevos
impliquen políticas nuevas, más si son de signo distinto; Tampoco debe caer
en la tentación de refrendar el buenísmo –muy mediático, por cierto- de
algunos que se niegan a reconocer que las mejoras que hasta hoy se han
alcanzado son gracias a la determinación y firmeza del estado de derecho
frente a la ilegalidad y al terrorismo.
Vienen tiempos en los que habrá que hacer poco caso a los de afuera que por
un minuto en televisión dicen cosas ridículas. De Sagunto nadie se acuerda…