Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

Gracias Alvaro Uribe

José Ignacio Rasco

Colombia, hoy, bajo la presidencia de Alvaro Uribe semeja una caja mágica. El rescate de Ingrid Betancourt y sus acompañantes parecen sacados de un mundo milagroso, un cuento de hadas, un teatro del absurdo o una leyenda mitológica que despierta ansiedad, nuevas dudas y sorpresas. De ahí conflictos nuevos y viejas dudas. Pero la audacia de los gestores es un juego de prestidigitación sin ensayo, un relanzamiento que rompe la monotonía en un espectáculo fuera de serie.

Y el otro gesto para la historia colombo-venezolana es el increíble diálogo entre un genio de la política colombiana, don Alvaro Uribe, y un ingenioso politiquero zurdo que responde por Hugo Chávez.

Ya en Santo Domingo el reelecto presidente de la república dominicana, Leonel Fernández, intentó también facilitar un intento de diálogo entre el gobernante venezolano y el colombiano para tratar de resolver la crisis binacional que tanto ha afectado a esa pareja de países colindantes.

Desde luego, para mí el gran gigante de esta cumbre ha sido Don Alvaro Uribe que posee unas envidiables condiciones políticas de gran estadista, que sabe interpretar los signos de los tiempos y la prudencia de su conducta, que acostumbra a ser intolerante y tolerante, emotiva y fría, que sabe del diálogo y del monólogo, elocuente y silencioso, receptivo al querer popular, pero sin demagogia, con una gran capacidad para el diagnóstico y el pronóstico de situaciones complejas.

Entiendo el esfuerzo y sacrificio que el héroe colombiano ha tenido que sufrir para reunirse con el politiquero venezolano que vive de la demagogia y el caos guerrillero, que compra a algunos con jugosos petrodólares y que sus cualidades histriónicas le permiten engañar a incautos.

Uribe ha demostrado una vez más su valor y sagacidad para reunirse con un enemigo que ahora se disfraza de amigo cordial. Son los riesgos de la política democrática que tiene que tratar con buenos y malos en aras del bien común. La guerra es el fracaso del diálogo y la negociación. El riesgo siempre existe, pero hay que intentar evitar el duelo de metralletas y cañonazos y de armas hoy tan sofisticadas y complejas. La violencia provoca siempre más violencia y recaídas peores.

Esperamos que este doble triunfo de Uribe no le provoque otra reelección. Sería espantoso para Colombia, para sus éxitos tan gloriosos.

Si quieres paz, prepárate para la guerra es un lema prudente que intenta liquidar el asomo de violencia, un modo de buscar la paz con la palabra amenazante. El arte del político está justamente en la astucia dialogante para evitar la salida violenta del huracán bélico.

La política internacional es, muchas veces en gran parte, un modo de conversar. Ya decía Donoso Cortés, lo importante del diálogo no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa. Y la diplomacia es la policía en traje de etiqueta, como bien añadía Napoleón.

Evitar la guerra es deber fundamental para el gobernante aunque siga siendo cierto aquello de "si quieres paz prepárate para la guerra".

El éxito tenido por Don Alvaro Uribe ha sido triunfo de la razón sobre la fuerza, que ha logrado un pleno respaldo nacional e internacional y un éxito de la fuerza de la razón ante la razón de la fuerza, del diálogo político sobre el monólogo belicoso.

Ojalá los cubanos aprendamos esta lección. Hay siempre riesgo en dialogar con el enemigo para vencer su verbocracia insolente que nos quiere sordos y sumisos a sus reclamos. Hay que romperle su monólogo insolente y obligarlo a un diálogo, como ha hecho el maestro colombiano que supo olvidar ofensa verbicidas, mentiras y calumnias a granel. Hay que dialogar sin prejuicios con el enemigo aunque sea un monstruo de maldad, pero que no escogimos, ni podemos escogerlo, olvidar ofensas que a una conciencia tranquila no pueden perturbarnos. El enemigo es el que está en el cargo. Ni podemos escoger un candidato ajustado a nuestros reclamos. Así es el juego de la política que no es una política de juego.


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