Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

Huracán en Wall Street

José Ignacio Rasco

Inundaciones en Batabanó (AP)
José Ignacio Rasco es Presidente de Honor del PDC.

Hay un ángulo en la crisis del capitalismo que nubla la visión de la realidad económica. El fenómeno no es exclusivo del mundo de las finanzas que pudiéramos llamar, provisionalmente, como exclusivismo monista. Y no creo que sea una simple tendencia del reino financiero. El científico positivista ve la realidad palpable como la única forma de apresar el mundo de su concepción, en su óptica.

En la esfera económica, el mercado de la oferta y la demanda es la regla de oro, para dirigir la economía.

Y en casi todas las categorías del quehacer humano la tendencia al monismo, a lo único, parece primar en el pensar y el hacer del ser humano. Convertir lo plural al singular, lo diverso al universo, es empeño de muchos.

En el escenario capitalista también hay una fuerte tendencia a la unicidad. La ley de la oferta y la demanda parece ser la pauta única, para el mercado libre, sin límites ni cortapisas legales y morales. Vence la cantidad frente a cualquier otra consideración de calidad. Tanto tienes, tanto vales.

Sálvese quien pueda.

La moral poco cuenta en el mundo del mercado, de la economía, de las finanzas. La libre competencia suele ser lema excluyente que no permite apenas consideraciones éticas o humanas.

El juego termina siempre en el imperio de los más poderosos, del monopolio, de la dictadura económica. Pensar en el bien común, en la justicia social, en un mundo más equitativo parece ser de los "liberales", (en el peor sentido del vocablo, no en el mejor) es tener alguna inclinación marxista, de anti imperialismo feroz.

La avaricia rompe el saco, cosa que ya le preocupaba al propio Adam Smith. Y es lo que estamos viendo en la crisis por la que en estos momentos pasa por Wall Street, en el mundo bancario y de toda la familia financiera.

La vieja fórmula fisiocrática del "dejar hacer, dejar pasar" que tanto prendió en el "capitalismo salvaje" como diría Juan Pablo II, se ha convertido en un mundo amoral donde la calidad ha dejado el campo a la cantidad.

La axiología se ha ahogado en las fauces de la misma bolsa donde priman los valores bursátiles, numéricos, que aplastan toda normativa ética, cualquier pizarra de valores morales.

El ladronaje, la bancarrota, los sueldazos millonarios, el chantaje hipotecario, han sido de nuevo (todo esto no es sólo de ahora), el huracán que ha sacudido la política inmoral de "dejar hacer, dejar pasar".

La corrupción que hubo un tiempo, que apenas existía en este gran país, ha oxidado los principios éticos que propugnaron los padres fundadores. Tal vez no todos...

No quisiéramos tampoco caer en un estatismo dictatorial o totalitario, pero sí creemos que el Estado, el Gobierno tiene que vigilar más las operaciones e inversiones en los negocios, en las grandes transacciones financieras, que acrecientan monopolios u oligopolios, de reacciones en cadena que suelen repetirse periódicamente y que acaban por hambrear a millones de trabajadores obligados por la miseria para construir los cimientos invisibles de un capitalismo salvaje, insaciable, de pocos con muchos y muchos con poco.

Por una sociedad más justa, más equilibrada. Por la armonía social de todo gobierno, con Obama o con McCain, tiene que salir de estas periódicas crisis que en el fondo son más morales que económicas sin Epulones millonarios ni Lázaros despreciados.

Publicado en Diario Las Americas.


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