Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

Colombia: negociaciones macabras

Marcos Villasmil

La muerte de Luis Nevia, “alias Raúl Reyes”,  noticia que ha dado la vuelta al mundo, se produjo en momentos en que las FARC y su abogado principal, Hugo Chávez, mostraban una vez más su rostro infame, de manipuladores de vidas humanas, al señalar que, para seguir liberando a otros secuestrados, debería el gobierno colombiano “despejar” varios municipios colombianos.

Esta petición, unida la muerte de Reyes, indica a las claras que la guerrilla colombiana está cada día más asfixiada, más cercada por el ejército. Las FARC lo saben. Hace tiempo que sus objetivos políticos iniciales pasaron  a mejor vida. Coincidió ello con el paso de la banda de un grupo armado insurrecto a una mafia de asesinos, narcotraficantes y secuestradores. Esto le ha garantizado ingresos millonarios, pero logrando asimismo que se les cayera la máscara de “luchadores por la libertad”,  un cuento que ya nadie cree.

¿Quién era Luis Edgar Nevia, alias Raúl Reyes? Desde muy joven, tenía un prontuario que haría de Al Capone un mero aprendiz en la carrera criminal. Destaquemos algunas de sus “acciones”: se le vincula  con doce atentados terroristas en Bogotá, en 1993, que causaron la muerte de varias personas; el ataque a la base militar de Patascoy, en 1997, en el que murieron 10 militares, con 18 personas secuestradas, y  varios heridos; el secuestro y asesinato de la exministra de Cultura Consuelo Araújonoguera en 2001; el secuestro y asesinato de nueve excursionistas en el Cauca, en febrero de 2001; en el 2002, el asesinato de monseñor Isaías Duarte, y la muerte del congresista Diego Turbay, su mamá y cuatro personas más. También en ese año, fue responsable de la masacre de Bojayá, en la que murieron 119 personas, entre ellas 45 menores de edad. No hay espacio para citar más, pero puede estar seguro el lector que esto de arriba es sólo una pequeña muestra.

Hay gente que insiste en que hay que negociar con la narcoguerrilla.  Una negociación política sólo se puede adelantar entre actores políticos. No es fácil negociar “políticamente” con asesinos o secuestradores. Además, para que haya una solución política en cualquier conflicto, se requiere que ambas partes estén dispuestas a ello.

Con monstruos capaces de asesinar ciudadanos indefensos, incluyendo niños, mujeres y ancianos, no se negocia políticamente. Una negociación política parte del reconocimiento del otro como un igual. ¿Negocia usted de igual a igual con una serpiente de cascabel, o con un escorpión? No. Lo único que moralmente podría negociar el gobierno de Colombia con la narcoguerrilla son los términos de la rendición de la banda. 

Nótese además que la narcoguerrilla en ningún caso pide negociar los términos de la paz, el fin último que desea toda Colombia. La negociación sólo se daría para liberar a más rehenes, a cambio de nuevas condiciones favorables a los terroristas. Es decir la vida humana retenida usada para lograr mantener un status quo donde las FARC siguen engordando sus cuentas multimillonarias a costa del narcotráfico, la violencia y el secuestro.

Hay quienes justifican la negociación para “evitar represalias en los secuestrados.” Cuando este argumento es usado por gente tan deleznable como Chávez, quien considera a Reyes un héroe, se agrega que la culpa de lo que le pase a los rehenes es entonces del presidente de Colombia, por haber atacado a las FARC. Difícil encontrar un argumento más inmoral. Los únicos responsables de la vida de los rehenes son quienes los secuestraron; y el único que realmente tiene influencia en la guerrilla y, si le pusiera empeño, lograría liberaciones, es el propio Chávez.

El gobierno colombiano está aportando pruebas claras de que la relación entre Correa, Chávez y las FARC. Sus caretas se han caído definitivamente. Son "camaradas", luchando por la misma causa, la expansión del totalitarismo comunista en América Latina.

Debido a eso no se entiende la actitud del presidente Sarkozy, dispuesto, como antes lo estuvieron Kirchner, Oliver Stone, y demás amigos de Chávez, a pasar unos días en la selva, acompañando a las FARC en su show mediático. Con ello, responsabilizan por la suerte de los rehenes a un gobierno que lo único que hace es luchar por su liberación. Ir a la selva colombiana, esperando un “gesto de buena voluntad” de las FARC, liberando por cuenta gotas, y de acuerdo a las conveniencias políticas de las FARC y de Hugo Chávez, a seres humanos cuya vida ha sido destrozada por Marulanda, Reyes, y compañía, es tan útil para la paz colombiana como lo hubiera sido para la victoria aliada en la segunda guerra mundial un viaje a Auschtwitz o Buchenwald, de una comisión internacional, para ver si los nazis, en un gesto de “humanidad”, liberaban a algún condenado a la cámara de gas. No es con turismo macabro que se logrará la solución final a la violencia en el vecino país. Los rehenes de las FARC no son sólo 700; son cuarenta millones de colombianos que no pueden vivir en su país en paz.

La muerte de Reyes en territorio ecuatoriano está siendo usada como excusa por el eje Castro-Chávez-Correa para inflamar la situación, militarizar ambas fronteras y ver si la opinión pública internacional les permite dar un zarpazo a la democracia colombiana. En el peor de los casos, Chávez le está diciendo al mundo, con claridad, lo que los venezolanos ya sabíamos: que las FARC tienen en territorio venezolano, donde están a sus anchas, la mayor zona de despeje posible: la superficie total de Venezuela. Todas estas reacciones y rasgadas de vestidura obedecen a un plan; ¿No dijo Chávez acaso que Venezuela limitaba al oeste con las FARC? ¿Y el aullido de guerra no lo lanza desde Cuba el mismísimo Castro?

Chávez, que está perdiendo la guerra local en todos los frentes –en la lucha contra el desabastecimiento, contra la inseguridad, contra el desempleo, contra la inflación, y que se refleja en su caída en las encuestas- se la está jugando completa. Colombia está siendo atacada por tres países –Venezuela, Ecuador y Cuba- quienes tienen ya su punta de lanza dentro de Colombia. La comunidad internacional, si de verdad defiende la paz y la libertad en Colombia y en América Latina, debe saber distinguir entre la acción del gobierno colombiano en la frontera del Ecuador, y la evidente agresión del totalitarismo comunista que se está gestando a la vista de  todo el mundo.


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