Un No
positivo por el futuro de Venezuela
Por Miguel Saludes
TEl escepticismo de muchos ante lo
que parecía ser el golpe mortal a las libertades en Venezuela, no se vio
justificado. La propuesta de constitución socialista impulsada por Hugo
Chávez fue derrotada en las urnas. No importa que el final fuera de foto
flash, como indicara el propio presidente, debido a lo cerrado de las
marcas.
La alegría es grande entre los que lograron esta hazaña. También para los
que vieron desarrollarse el proceso desde las barreras con el temor del
desenlace. La voz de los estudiantes levantó la barricada que puso freno a
las intenciones autoritarias del mandatario. Pero ello no significa que todo
haya terminado con la votación del 2 de diciembre. Aunque Chávez reconoció
el fracaso, dejó abierta muchas interrogantes en las palabras
tranquilizadoras dirigidas, más que a la nación, a sus seguidores y así
mismo. El “por ahora” que pronunció, mientras animaba a los seguidores
incondicionales del chavismo, encierra una velada amenaza para el futuro
próximo. La frase, traída a colación en un contexto impropio, rememora el
episodio golpista de 1992 que él protagonizara. Fueron las mismas palabras
utilizadas cuando falló la intentona contra el gobierno de Carlos Andrés
Pérez.
No obstante el golpe ha sido fuerte para el presidente, que no cesa en
enredarse en sus propias contradicciones. Horas antes de las votaciones
arengaba a la población diciendo que quien no correspondiera a su aspiración
de reelección ilimitada estaría votando a favor del presidente
norteamericano George W. Bush. Además caracterizó de oligarcas a los
integrantes del bloque opositor. Los resultados citados por el Consejo
Electoral revelan que los números se han vuelto contra esta retórica, pues
de tener razón Chávez, su homólogo de la Casa Blanca cuenta con un alto
índice de popularidad en Venezuela. Igualmente de ser acertada su
aseveración acerca de la pertenencia social de sus oponentes, ello colocaría
a más de cuatro millones de venezolanos con una condición económica
privilegiada.
Las reacciones de La Habana han sido parcas hasta el momento. Una breve
notificación en la prensa cubana dio a conocer el revés, dando realce a los
valores éticos y constitucionalistas de la revolución bolivariana. Una
paradoja para quien se burla de su propia Constitución y mantiene un sistema
electoral lleno de aberraciones. Si a los venezolanos les tomó esperar cinco
horas para conocer los resultados preliminares de esta jornada, en Cuba
demoraron cinco días para hacer público el por ciento de los que
participaron en las últimas elecciones municipales. La cifra real no pudo
ser verificada.
El mensaje enviado por Castro a su predilecto a pocas horas de conocerse el
resultado del referendo, se destaca por la brevedad en el texto y por la
despedida al estilo de Julio César. No pueden negar las ínfulas que les
animan. Es notorio que en horas de la tarde, casi al iniciarse el conteo de
las boletas en la nación sudamericana, en la Isla se daba a conocer la
postulación de Fidel Castro para delegado a la Asamblea Nacional del Poder
Popular. ¿Estrategia de distracción? ¿Signo triunfalista ante lo que se
esperaba fuera la entronización incuestionable del socialismo venezolano?
No pueden dormirse las fuerzas democráticas en Venezuela, ni desestimar la
recomendación del taimado Hugo, quien aconsejó a los ganadores hicieran
buena administración de su victoria. Ahora los esfuerzos deben encaminarse a
conservar el paso alcanzado el domingo. Las cifras oficiales dadas a conocer
después del referendo evidencian que existe una fuerte polarización en
aquella sociedad. Se requiere de un proyecto serio que remueva
inobjetablemente las bases totalitarias que tratan de imponerse a la sombra
del movimiento bolivariano. Las realidades que han propiciado el
desbordamiento del chavismo no pueden perderse de vista. Ellas fueron los
elementos de mayor arrastre en el bloque de los que apoyaron el Sí. La
promesa de igualdad para todos sigue siendo una idea que prende con
facilidad en las multitudes empobrecidas. Poco importa que al final se
descubra que todo queda reducido a un improductivo e injusto igualitarismo.
Ya para ese momento el poder, sustentado por los que son más iguales, deja
pocos espacios para disentir.
Esta hora cero, como ha sido proclamada por diferentes medios de
comunicación, tiene que seguir marcando pautas para el futuro. Este debe ser
tiempo de una renovación en la mirada política, no solo de Venezuela, sino
de todo el continente americano. Realmente la carrera acaba de empezar. Se
avizora larga, con múltiples obstáculos a vencer. La meta es ambiciosa pero
vale la pena el esfuerzo que consiga como lauro la democracia plena para
todos, sin demagogias ni totalitarismos. El triunfo del No fue el disparo
que marcó la arrancada.