Las puertas
de Cuba sin cerraduras para sus hijos
Miguel Saludes
Osvel Varona es un emigrado cubano
radicado en Toronto. Como muchos nacionales que viven en el exterior,
realizó los trámites consulares para mantener en regla el pasaporte de su
país de origen. Una vez renovado el documento, trámite que debe hacerse cada
seis años a un costo superior a los trescientos dólares, Varona fue a
comprar el pasaje a Cuba. Grande fue su sorpresa e indignación al saber que
no estaba autorizado a entrar en la Isla. Ignoraba que la posesión del
pasaporte no garantiza pasar el paso por la aduana. Para ello debe contar
con la habilitación, una especie de visado, indispensable para los que
desean visitar su tierra natal. Esto conlleva al desembolso de 180 dólares
adicionales cada dos años. Las protestas que profiriera ante el funcionario
consular solo obtuvieron como respuesta tranquilizadora que al menos podría
viajar a otros países con su identidad cubana.
Este caso no es único. En el 2005
Olivia Saludes residente en Estados Unidos, recibió una notificación firmada
por Bernardo Guanche, Cónsul General de la Oficina de Intereses de Cuba en
Washington, denegando por tercera vez su petición de entrada a Cuba. Tal vez
el hecho de que Olivia sea la madre del prisionero de conciencia Omar
Rodríguez Saludes determinó la negativa.
Mientras Varona recibía la mala
noticia, en La Habana se congregaba un centenar de emigrados invitados por
el gobierno castrista. Bajo el aparatoso título “Cubanos en el exterior
contra el bloqueo y el terrorismo”, la conferencia fue inaugurada el 20 de
marzo por el Canciller Felipe Pérez Roque. Si alguien esperaba novedades al
calor de este evento, el nombre que lo presidía no daba para muchas
esperanzas.
Aunque con diferente nombre, la
reunión que acaba de concluir es continuidad de La Nación y la Emigración,
encuentros iniciados en 1994. A pesar del cambio de identidad, la esencia de
la agenda sigue siendo la misma. Solo cambia el panorama en que han
coincidido las convenciones. La anterior a esta, efectuada en el 2004,
transcurrió casi al año de la ola represiva que llevó a la cárcel a decenas
de compatriotas. Los invitados, igualmente escogidos por su anfitrión,
escucharon el discurso de bienvenida en la voz de Pérez Roque. La puesta en
escena del 2008 repite casi todo, desde el orador, su discurso y muchos de
los rostros que vuelven a encontrase.
Ahora se habla de flexibilizaciones,
específicamente en lo tocante a las salidas hacia el exterior. Los números
pueden explicar las razones de esta bondadosa actitud. La cantidad de
cubanos que residen en más de cincuenta países oscila entre 1,3 y 1,5
millones. Solamente en el 2007 cerca de 200 mil visitaron la Isla. Envíos de
remesas, paquetes, gastos durante la estancia y los costosos trámites
consulares, significan una cuantiosa entrada de recursos que no requieren
inversión. Solamente los aportes por este último renglón son significativos.
Cada emigrado que viaja a Cuba debe disponer anualmente 54 dólares para
mantener vigente su pasaporte y 80 para el permiso de entrada.
Al dejar inaugurado el encuentro de
marzo, Pérez Roque manifestó que la Nación no tiene problemas de fondo con
sus emigrados. Pero no habló de eliminar las barreras impuestas desde Cuba a
la entrada de sus nacionales. Según el criterio oficial que él representa,
los cubanos se marchan debido a las presiones externas y no a un sistema que
les hace la vida insoportable en su país. Tomando como cierta la aseveración
del Canciller, queda por resolver el motivo por el cual estos deben recibir
el visto bueno del Ministerio del Interior para regresar como visitantes,
algo que al parecer no cambiará en un futuro próximo.
El enunciado sobre el derecho a ser
llamado cubano que hiciera Felipe Pérez Roque en el 2004 reaparece
nuevamente en sus palabras: “El derecho a llamarse cubano depende, más allá
del lugar donde se viva, de si se está dispuesto a defender, incluso con la
vida, la República “con todos y para el bien de todos” de José Martí, o si
se acepta la república colonial, corrupta y contrahecha, de la Enmienda
Platt y la Ley Helms Burton que el Presidente Bush nos ofrece.”
Dijo el funcionario durante su
discurso que a pesar de que la actual situación cambiase siempre habrá
excepciones restrictivas por parte del gobierno: “..los cubanos podrán
viajar entre ambos países legalmente sin ningún tipo de restricción, excepto
el escaso número de personas que por bochornosas y lesivas conductas contra
la Patria no sean dignas de tal. “ O sea, que aún produciéndose el
levantamiento del embargo y quizás hasta unas hipotéticas relaciones
bilaterales con el vecino del Norte, existirán emigrados impedidos de entrar
a su patria. Y es que para los funcionarios castristas, la cubanidad es un
derecho que ellos conceden a criterio. Habría que preguntarle al ministro
que cambios espera de Canadá, España y el medio centenar de países donde
radican cubanos para que todos, sin excepción, tengan la facultad sagrada de
ingresar a su país sin que se les impida, incluso para quedarse si así lo
desean o volverse a marchar.
Ni siquiera los que lucharon contra
el sistema colonial usaron esa prerrogativa contra sus ex contrincantes
cuando estos optaron por la ciudadanía cubana en la República. El hecho de
haber combatido a favor de la metrópoli contra los mambises no fue esgrimido
como un veto a ese derecho. La Patria con todos y para el bien de todos
proclamada por José Martí, terminó por acogerlos. Y es que esa casa
inclusiva que nos legaron nuestros Padres fue levantada con deseos
libertarios. Los que la erigieron nunca pensaron en poner cerraduras a sus
puertas. Mucho menos en dictaminar categorías de cubanidad para poder
acceder por ellas, en un sentido o en otro.