Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

Pensiones, un dolor de cabeza

Sin andarse por las ramas, Raúl Castro ha venido a confirmar
que el futuro de los jubilados es sombrío

Elías Amor Bravo

En ocasiones se ha hablado de la existencia de niveles de ahorro "ocultos" en la sociedad cubana, cuyo análisis no resulta fácil ante la escasez de estadísticas. Los que defienden este argumento sostienen que una economía que otorga una amplia gama de bienes y servicios a precios subvencionados, limitados por el racionamiento, permite a las economías familiares conservar una parte de los ingresos en forma de ahorro.

Esta idea es cuestionada por el hecho de que la sociedad cubana parte de unos niveles tan bajos de dotación de recursos, alimentos y servicios, que cualquier incremento monetario se tiende a gastar de forma inmediata. De igual modo, el rudimentario sistema bancario y crediticio hace muy difícil determinar la importancia de este tipo de actuaciones.

De cualquier forma, no es fácil para los cubanos saber cuánto tienen que ahorrar para la vejez, cuando el gobierno asume en su totalidad el pago de las pensiones; ni cuál puede ser el poder adquisitivo de las mismas, cuando la inflación en cualquier momento emerge y erosiona el valor nominal de cualquier tipo de renta.

Prolongar la edad laboral es una solución de tipo parcial, que no sólo viene a enterrar para siempre los viejos sueños revolucionarios del "hombre nuevo" del Che, sino que seguramente no podrá aportar efectos benéficos, a no ser que la economía privada de mercado se abra paso en la Isla como consecuencia de una reforma en profundidad del sistema económico.

Lejos está Raúl Castro de saber conducir la nave en estos momentos difíciles, y no parece estar bien aconsejado. Las reformas que se precisan para reorientar la economía hacia el futuro llegan tarde, y no son las más adecuadas.

Hay que ser conscientes de que el sistema socialista no se sostiene en sus fundamentos actuales y se precisa ser más valiente en el impulso de cambios en la estructura de los derechos de propiedad, el libre ejercicio empresarial, la participación de la inversión extranjera productiva y el funcionamiento del mercado.

No se trata de ir hacia el modelo chino, sino de diseñar algo que permita a la economía cubana volver a ser lo que siempre fue, abierta al exterior y competitiva. Cuanto más se tarde en reconocer lo que resulta imprescindible, peor. Ya no queda mucho tiempo que perder.

 

 

 

 

 


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