La periodista y
Margarita.
Miguel
Saludes.
"Puedo hacerle varias objeciones"—decidió Berlioz—.
El hombre es mortal, eso nadie lo discute. Pero es que..."
No tuvo tiempo de articular palabra,
porque el extranjero empezó a hablar.
El Maestro y Margarita. Mijail Bulgakov.
La escena transcurre en la Feria
del Libro de Caracas. El ambiente se encuentra sumamente caldeado. Una
discusión poco común atrae la atención de una periodista cubana. Alguien
diserta sobre el tema de la propiedad intelectual y como será contemplada
esta en la nueva Constitución. En los alrededores un grupo, vestido con
camisetas rojas, manifiesta su apoyo a la propuesta de reforma presentada
por Hugo Chávez repartiendo a los presentes el texto de la misma. Cerca de
ellos una solitaria muchacha distribuye volantes clamando por el NO para los
cambios constitucionales promovidos por el gobierno chavista. Según la
crónica, aparecida en el diario Juventud Rebelde bajo la firma de Rosa
Miriam Elizalde, la joven se nombra Margarita y cursa estudios en la
Universidad Central de Venezuela.
La reportera no comprende que la
estudiante de segundo año de Sociología, se convierta en una repetidora de
la propaganda oposicionista. Por eso la alecciona con aires de superioridad
a la vez que trata de explicar las razones para tan anómala conducta. Seguro
que esta actitud se debe a que Margarita no ha leído el contenido de la
beneficiosa propuesta del presidente. No puede haber otra razón que
justifique la insensatez de su postura. Rosa Miriam lamenta la ignorancia de
Margarita. Tampoco se entiende ese afán por repartir octavillas en plena
calle, participar en manifestaciones y hasta jugarse la vida por una
mentira. Es interesante este último señalamiento hecho por la comunicadora,
al indicar que la muchacha se juega la existencia en esta misión.
La narración anterior puede ser exacta o simplemente un
producto donde la mezcla de realidad y fantasía sirven a la autora para
viabilizar el mensaje que quiere dar sobre lo que acontece en la nación
sudamericana. La dramatización de este encuentro, no importa el grado de
ficción, tiene por objetivo brindar a los lectores cubanos la visión oficial
de la creciente polarización que sufre la sociedad venezolana. De esta
manera la solitaria Margarita, que aboga por
conservar la libertad en su país, aparece en el papel de víctima de la
confusión, rehén de la maniobra manipuladora de los medios. En opinión de la
reportera cubana, son estos los responsables de las manifestaciones
ocurridas en la capital de Venezuela, actos que según la escritora, dejaron
un saldo de policías heridos en el encontronazo con los estudiantes. A estos
últimos les confiere rango de victimarios, mientras los uniformados son
ascendidos al sitial de los mártires.
La periodista alega que el argumento enarbolado por la
universitaria para clamar contra las reformas socialistas no es sólido ya
que se sostiene en calumnias y chismes elaborados por la oposición. Todo lo
anunciado por estos agoreros apocalípticos es falso. Como eso de que todo
pasará al control gubernamental, incluso la creación libre. Margarita,
concluye Rosa Miriam, está más perdida de lo que estaba ella en aquel evento
foráneo.
Lo que ocurre en Venezuela es demasiado evidente para los
cubanos, que lo han vivido durante décadas, aunque con marcadas diferencias.
No obstante se quiere seguir poniendo el velo sobre la realidad. Esa es la
finalidad del escrito aparecido en Juventud Rebelde. Pintar el paisaje
venezolano con matices más convenientes a la propaganda de la Isla. Frente a
la multitud vestida de rojo se alza un número nada despreciable de personas
como Margarita. Por eso a estas hay que disminuirlas y desacreditarlas. Por
otra parte el creciente fraccionamiento político no es fruto de calumnias e
inventos. La amenaza es real. El egocentrismo y la ambición de poder del
presidente Chávez no es una metáfora.
La caracterización de ilusa no le corresponde de ninguna
manera a la estudiante venezolana de sociología. Su esfuerzo ante la asonada
que se avecina es titánico y encomiable. De fracasar no habrán más
Margaritas estudiando ciencias sociológicas o periodismo en su país. Solo
los de vestimenta roja y los que escriban a favor del gobernante eterno,
tendrán esa posibilidad, como ha ocurrido en Cuba.
No obstante la crónica sobre la
muchacha que reparte volantes en Caracas tiene algo positivo. Nos muestra
que aún en la sociedad venezolana se discute, se protesta y se manifiesta el
desacuerdo. De mantenerse el rumbo de las reformas que propulsan el poder
indefinido para Hugo Chávez, tal vez en pocos años las cosas cambien.
Si en definitiva consigue consolidarse la puesta en
marcha del proyecto de socialismo estilo siglo XXI,
veremos una reedición del caso cubano. El caos esta vez será de mayores
proporciones.