El análisis
post-mortem
Marcos Villasmil
Hace una semana indicábamos que
Chávez jamás aceptaría fumar la pipa de la paz tendida por la oposición en
la madrugada del 3 de diciembre. Bueno, no había pasado ni un día de
congratulaciones y felicitaciones a porfía ante el supuesto talante
democrático del barinés, cuando él mismo se encargó de mandar todo a la
mierda –con especial dedicatoria a los 4 millones y pico de venezolanos
votantes del NO-. La civilización le duró al comandante menos que una piñata
en fiesta infantil.
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Se entiende la reacción externa de felicitación calurosa afuera porque
todavía algunos piensan que Venezuela es una democracia más o menos
presentable (destacan sobre todo los elogios del pendejo -Chávez dixit- SSGG
de la OEA, Insulza); Chávez con su rueda de prensa del miércoles 5-12 se
encargó de poner de nuevo las cosas en su sitio.
Muchos análisis han surgido sobre lo sucedido el 2-12. Aquí, por razones de
espacio, daremos sólo algunas pastillas que nos parecen destacables.
Comenzando con los amigos opositores, llama la atención el llamado que
algunos –entre ellos el gral. Baduel- hacen a favor de una nueva Asamblea
Constituyente. ¿Acaso la votación no reafirma el deseo de la gente que
dejemos tranquila la constitución de 1999?
Otro tema digno de recordarse que la oposición fue dividida a esta elección,
ya que el abstencionismo político era una tendencia todavía muy enraizada, y
a pesar de ello se ganó. Puesto a pensar en ello al momento de teclear en la
computadora este párrafo, encuentro que conozco al menos diez opositores que
se abstuvieron. ¿Cuántos conoce usted, amigo lector? No es demasiado
arriesgado afirmar que muchos de estos venezolanos estarían ahora sí más
dispuestos a votar en una convocatoria futura, uno de los resultados
positivos de la derrota del mito de la invencibilidad de Chávez.
Por otra parte, los dirigentes de la oposición deben revisar los resultados
con sobriedad. Es sensacional haber ganado Caracas por primera vez, o que se
ganara Maracaibo por paliza, así como los estados Carabobo, Táchira, etc. En
especial, el triunfo en los barrios más empobrecidos de Caracas: Petare, La
Vega. Pero el asunto central es: ¿cuánto de la victoria (vía NO y vía
abstención) se le debe al chavismo descontento?
Es cierto que ha surgido una Nueva Mayoría, pero su fortaleza no puede
depender de las metidas de pata de Hugo I, sino que la oposición debe
atreverse a dialogar de tú a tú con el pueblo que se siente engañado y
abandonado por Chávez. Los líderes del NO deben convertirse en abanderados
de un nuevo SÍ, de una visión positiva de lo que puede ser una Venezuela que
nos incluya a todos, de una política social que no convierta a la gente en
mendigos del Estado. La importancia hoy de esta mayoría es tanto cualitativa
como cuantitativa, ya que hay predominio claro del rechazo a apoyar a Chávez
en sus designios más importantes, el socialismo del siglo XXI y su
permanencia eterna en el poder, y el núcleo contestatario principal va más
allá de lo partidista, ya que la mayor capacidad de convocatoria corrió a
manos de la iglesia católica y sobre todo del movimiento estudiantil.
Por el lado de esa especie de aquelarre digno de las brujas de Macbeth en
que se ha convertido el chavismo quisiera destacar algo surgido en una
conversación con uno de estos managers de tribuna que son los taxistas
caraqueños: a Chávez se le olvidó que, de 1998 para acá, la gente votó por
él no porque fuera socialista, sino a pesar de ello. El venezolano de las
clases D y E ha votado desde entonces por una esperanza de redención, un
castigo a los dirigentes de la cuarta república, y una verdadera democracia
liberal (aunque no la defina así, pero el venezolano es individualista,
pro-capitalista y no le gustan mucho los controles, en especial del
gobierno).
Ha surgido dentro del oficialismo un nuevo dato a tomar en cuenta: la
derrota de la reforma consagra la fecha de vencimiento de Hugo Chávez y, por
ende, la aparición del chavismo sin Chávez, aunque la conspiración por la
sucesión esté todavía en las catacumbas. Que sus cultores mayores sean los
principales culpables de la derrota, según Chávez (los responsables del
Comando Zamora, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello) no les quita ni
ambiciones ni ganas de conspirar más poder del que ya tienen. Uno es el
actual vice-presidente, el otro lo fue, y como nos recuerda Mario Benedetti,
el vice-dios siempre es ateo.
La crítica más radical a Chávez no ha salido de ningún think-tank opositor,
sino de uno de sus asesores más reconocidos: Heinz Dieterich. Y, si este
señor tiene razón, la cosa se le está poniendo color de hormiga negra a
Chávez. Porque, como decíamos al inicio, él no va a cambiar, porque va a
seguir rodeado de jalabolas y correveidiles; porque el verticalismo que
significa su palabra omnipotente y omnipresente no va a cederle espacios a
nadie más en la revolución. Y eso sin mencionar la crisis económica, que
arreciará en el 2008.
Si algo mostró el 2-12, es que en Venezuela hay hoy dos visiones de país ab-so-lu-ta-men-te
contrapuestas: léanse los análisis dentro del chavismo, o parémosle un poco
al mensaje del propio Chávez. El socialismo del siglo XXI es antidemocrático
en su esencia, en sus objetivos y en su práctica. La oferta socialista fue
tan tóxica que ni siquiera porque Chávez, en vísperas del 2-12, la convirtió
en plebiscito (“quien vote por el SÍ vota por mí, quien vote por el NO vota
por Bush) pudo triunfar. Por ello, esta elección es sólo un episodio de una
confrontación buscada y deseada por el liderazgo chavista, radicalizado por
imitación fielmente robótica del jefe, y a los que al final les importa un
bledo lo que diga el pueblo, chavista o no. Ni uno sólo de los personeros
oficialistas ha aceptado el llamado al diálogo de la oposición.
Curiosamente, coincidiendo a su manera criolla con el análisis de Dieterich,
nos cuenta Maye Primera, periodista de TAL CUAL, que la noche del 2-12, el
diputado chavista Luis Gamargo le dijo: -“Este pueblo no está preparado para
la revolución.” La contundente respuesta de la periodista fue: -“A juzgar
por el aluvión de NOS, lo que parece es que la revolución no estaba
preparada para este pueblo.”