Semilla de esperanza para Cuba
Manuel
Espino Barrientos
El Universal
Cada vez con menos pasión ideológica y creciente
sentido de responsabilidad, las organizaciones promotoras de la
democracia en el mundo abordan el proceso de transición
política, económica y social de Cuba con visión global, interés
regional y espíritu de diálogo para el entendimiento entre
quienes desean coadyuvar a la liberación y democratización de
ese pueblo aún oprimido por el totalitarismo.
Quienes por
solidaridad y hasta por salud política de sus países promueven ese cambio
deben considerar que ahí existe una dictadura que no reconoce los derechos
humanos, civiles y políticos de su pueblo; que ni siquiera pueden llevarse a
cabo elecciones libres en competencia multipartidista con observadores
internacionales. Deben reconocer el problema que representa la elevada
personalización del régimen político de la isla, encarnada en Fidel Castro,
quien por razones de salud ha dejado de lado el activismo internacional que
antes desplegó, sobre todo en Asia y África, pero que sigue siendo el
referente del poder aunque formalmente lo detente su hermano.
Para cuando
el líder histórico del socialismo cubano ya no esté, hoy se ofrecen
proyectos de diversa inspiración filosófica, con visiones más moderadas que
sugieren insertar al pueblo caribeño, de manera ordenada y pacífica, en la
modernidad democrática. Si en verdad esos proyectos tienen el propósito de
contribuir a que Cuba supere su tragedia prolongada por décadas, quienes los
promueven deben abstenerse de instrumentar cualquier acción o campaña que
pueda interpretarse como injerencia indebida o atentado a la libre
autodeterminación de ese pueblo doliente.
Deben
reconocer que sólo a los cubanos corresponde decidir qué hacer y cómo
hacerle para alcanzar su anhelada libertad. Ellos no necesitan, ni aceptan,
que otros les diseñen programas de cambio o de transición, como muchos que
han existido o como otros que hay, pero que son expresión de intereses
ajenos a los del pueblo cubano, que más reflejan ambición de poder que un
auténtico afán de solidaridad humanitaria.
Lo que se
requiere es apoyo desinteresado a quienes desde la oposición pacífica, en la
isla o en el exilio, reclaman el respeto a sus derechos fundamentales y han
proclamado la Declaración de Libertad de los Cubanos, documento principal de
Foro Cubano, que retoma la campaña del Proyecto Varela, que reclama a su vez
los derechos fundamentales de los cubanos y exige liberación de los
prisioneros políticos; documento que representa una apuesta por ellos
mismos, que sintetiza la alternativa del pueblo desde una posición
conciliatoria, sin la animosidad que en épocas recientes protagonizaron
quienes apostaban por la continuidad o por la ruptura en la vida pública
cubana. Documento guía para quienes desean sumarse a ese proceso histórico.
A nombre
del Movimiento Cristiano Liberación que se esfuerza dentro y fuera de Cuba
por esa legítima causa, Oswaldo José Payá Sardiñas, líder opositor en la
isla, ha solicitado a los partidos de la Organización Demócrata Cristiana de
América, recientemente reunidos en Miami, que no duden nunca del valor, la
actualidad y la fuerza liberadora de la enseñanza social cristiana; les ha
recordado que él y muchos otros cubanos son parte de la familia
democristiana, no por afinidad política circunstancial, tampoco por afán de
alianza política o por mera coincidencia de intereses, sino por comunión en
el espíritu de servicio al prójimo, sobre todo a los pobres de los pueblos.
Oswaldo
Payá le ha pedido a la ODCA no alejarse de su mística de lucha, de los
valores que le han dado identidad y de la fuente de inspiración que les hizo
nacer para colaborar en la obra de un mundo mejor. Le ha urgido a esa
sexagenaria organización que, al margen de puras estrategias y pactos, de
pragmatismos y oportunismos, sin mirar sólo a la derecha o a la izquierda en
busca de oportunidades efímeras, proclamen desde la congruencia política la
alternativa de la liberación y den testimonio de su determinación para hacer
realidad la justicia social en los pueblos de América.
Con
vehemencia que refleja su propio compromiso, ha pedido ayuda para que su
pueblo alcance el cambio pacífico. La ODCA ha respondido positivamente sin
especulaciones que generan incertidumbre, sin intromisiones que estimulan la
disputa estéril y sin asumir posiciones por adelantado, pero con firme
voluntad de ser semilla de esperanza para Cuba.
Presidente
de la Organización Demócrata Cristiana de América